H A B L A N D O D E C U L T U R A Y M O D E R N I D A D E N C U B A “Detrás de la aparente simpleza de la petición percibo un reto tremendo a mis sentimientos y a mis juicios. Lo usual en la historia es que sólo algunas generaciones viven cambios sociales e individuales tan profundos y abarcadores que luego quedan registrados en las crónicas y en la Historia como revoluciones; las demás generaciones viven sus vidas, tan llenas de sentido como las de aquéllas, pero marcadas sólo por evoluciones, modas y sucesos (...) Yo los vivo, nosotros los vivimos, desde el mar de experiencias y la gran cultura política de los cubanos, desde el inmenso cambio cultural que sucedió en Cuba. Poder decir «nosotros» es un logro maravilloso en el mundo actual, en que la cultura que se promueve es la de la indiferencia ante la suerte de los demás, la cultura de la fragmentación, del miedo y de la resignación.” No cabe dudas, que estamos hablando de una nueva cultura, que se ha extendido para erradicar los malos cambios. Que rompe con las malas actitudes que han desembocado en la resignación o en la estrechez del pragmatismo. Tal vez por ello sería bueno enfatizar un poco en lo que se ha entendido hasta ahora por la concepción de cultura. Si partimos, que nos referimos al «cultivo en general, especialmente de las facultades humanas». Y entre sus otras acepciones estaríamos hablando del «conjunto de conocimientos científicos, literarios y artísticos adquiridos». Así también como el «conjunto de estructuras sociales, religiosas, etc; y de manifestaciones intelectuales, artísticas, etc, que caracterizan una sociedad». De esta acepción se desprende la «cultura de masas» que no es más que el conjunto de hechos ideológicos comunes a una gran masa de personas consideradas al margen de las distinciones de estructura social, difundidos en su seno por medio de técnicas industriales y ; la «cultura material» que es el conjunto de los rasgos culturales externos que conforman la vida económica y tecnológica en una sociedad determinada. Hubo una época, que pocos entre nosotros recordamos por experiencia personal, en que el concepto de 'modernidad' tenía un único significado, el de pertenecer a lo que actualmente denominamos civilización occidental (cualquiera puede ser su ignificado) y que, en tiempos remotos, estuvo estrechamente relacionada con objetos como los barcos de vapor, los sombreros tropicales, las constituciones, la publicación de la obra maestra de Darwin, Sobre el origen de las especies (1859), y la Exposición Universal. Fue también una época en que con relación a la cultura se polemizó en diferentes vertientes y, su mayor verticidad radicó en el tema, muchas veces discriminado por los post-modernistas, La 'modernidad' es, de hecho, un territorio sin límites difícil de reconocer. Hace mucho tiempo que se suceden los debates en torno a ello, debates que han dado lugar al concepto de 'posmodernidad'. Esto es para decirnos que, de alguna manera, la modernidad ya se ha Hablar de la cultura en la Modernidad, nos hace pensar en las tantas veces que se ha tratado de responder a una tradición cultural con respuestas políticas. No nos referimos a una política en el sentido vulgar y pedestre de los que la ejercen de manera superficial u oportunista, sino a partir de sólidos fundamentos culturales. Hablaríamos de hacer política con la acepción que la entendió José Martí, sólo de esta parte llegaríamos a situarnos en el plano más profundo de la cultura. En los momentos actuales, y también los anteriores, hemos luchado contra la imposición de culturas dominantes, a partir de aquí, se ha llegado a afirmar que «Cuba enfrenta sobre todo el riesgo de ser reabsorbida por el modo de reproducción capitalista, que en sus variantes es el modo dominante en la realidad mundial». Al mismo tiempo, se impone «una guerra cultural que libra el gran capitalismo a escala del planeta, para homogeneizar la información consumida, la opinión pública y hasta parte de los sentimientos de las poblaciones convertidas en público» 4. “El vigor de la cultura cubana en la contemporaneidad podrá medirse, en primer lugar, por su capacidad para sortear estas encrucijadas (crisis de ideas y de ética) con valor, talento e imaginación. Este vigor se puede sostener en la innegable explotación creadora que ha tenido lugar en más de 36 años de Revolución y que, lejos de estancarse, se multiplica sobre la base de la creatividad y el talento expresados en las difíciles circunstancias que estamos viviendo (...)” Al respecto, Gramsci considera que la moral y la religión son elementos de la cultura, plantea que existe una «moral del pueblo» representada por un conjunto de máximas de conducta práctica: habla, más bien, de una moral popular íntimamente relacionada con la religión. Sin embargo, Manuel Fraijó plantea que, con relación a la cultura y, partiendo de las luces y las sombras que expide con respecto a la modernidad; pudiera hablarse de «una crisis que tiene críticos serenos y detractores más que impulsivos». De los primeros se destacan los más ilustres pensadores, tales como José Agustín Caballero, Felix Varela, José Martí, José de la Luz y Caballero, entre otros seguidores de éstos. Entre los detractores figuran, por méritos propios, los impulsores de la postmodernidad. De éstos se dice, que en cuanto a la producción teórica «postmoderna» sólo se empeñan en escamotear las contradicciones de la época, bajo el supuesto de que, con la supremacía de un mundo unipolar, el fin de la historia ha llegado. Por consiguiente, se presencia un final de la historia pero no en el sentido retórico con que lo emplean los voceros del imperio «postmoderno». En cambio, lo intuimos como una dramática posibilidad, que fue denunciada por Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra, efectuada en Río Algunos pensamientos que repercuten en contra de la modernidad “Por lo que se refiere a la Modernidad, Nietzsche fue tajante. Con su acostumbrada contundencia llegará a decir que una idea «por el hecho de ser moderna es falsa». De ahí sus diatribas contra el El progreso no fue su único blanco, también identificó como modernas y, por tanto, como falsedades que cubren un espectro más amplio, «la libertad, los derechos iguales, el humanitarismo, la compasión, el pueblo, la raza, la nación, la democracia, la tolerancia, el utilitarismo, la civilización, la emancipación de las mujeres, la educación popular, la sociología». Como observan, Nietzsche sometió a un análisis cruel los logros e instituciones de la Modernidad. Pero es que para él, la democracia moderna era una forma decadente del Estado; la igualdad por la que tanto había luchado Europa era el «final de la justicia». Por ello, en Nietzsche, la Modernidad salta hecha añicos; nada de lo que había generado ésta le convence. Kant, el Otro pensamiento, digno de mencionar por su oposición a la Modernidad, es el de Walter Benjamín La Modernidad, altiva y orgullosa, tiende a sofocar todo lo que le precedió. Las citas, en cambio, mantienen encendida la antorcha del pasado, impiden que sólo se escuche al que más grita. También percibió que la Modernidad generaba hombres unidimensionales, y termina diciendo, que «la Modernidad, impone un ritmo trepidante y va abandonando en la cuneta a todos los que flaquean y no producen ni consumen según los parámetros previamente fijados».8 «La Modernidad no ha sido, ni mucho menos, un logro sostenido. Como todo lo humano, ha conocido auges, cansancios y declives (...) a finales del siglo XX, no la podemos mirar inocentemente. Levanta sospechas, impulsadas en su mayoría por los filósofos Marx, Feuerbach, Nietzsche, Perspectiva cultural de la Modernidad «Moltmann formula el problema así : Si no queremos caer en la ilusión materialista, habremos de ver que el mejoramiento de las condiciones de vida en los niveles económico, político, cultural y ecológico no produce automáticamente hombres y mujeres mejores. Sin la liberación interior de las personas humanas de la angustia radical no habrá nadie capaz de mejorar las condiciones de vida.» Al mismo tiempo, se habla de un retorno a lo religioso, en el sentido de una vuelta, una conversión sincera y profunda. Esto se presencia, quizás en un momento en el que parece que los símbolos se van degradando y vaciando extraordinariamente, es verdad que habría que recuperarlos y recrearlos, pero ¿no se estará propiciando el hecho de que sean los grupos humanos los que se transformen realmente en símbolos y experiencia religiosa para los demás? Hablaríamos, más bien, de una búsqueda, de una conversión para una autenticidad mayor, más explícita, más honda, de lo religioso. Otro punto en cuestión, sería, y se puede enunciar así: lo que se está viviendo en la crisis de la ciencia, y como la ciencia es la expresión por antonomasia de la razón en nuestra época, por implicación, se trata de una crisis de la razón. En esto Horkheimer y Adorno son herederos de la llamada “cultura de la crisis” que dominó en la Alemania de los años veinte-treinta, uno de cuyos por menores fue la afirmación de la “crisis de la ciencia” y el desprecio por la lógica formal. Esta herencia aparece en la crítica que hacen de la ciencia y de la tecnología en relación con la razón instrumental. Adorno, en su “Diagnóstico” (Mínima moralia, 80). A su vez, debe tenerse en cuenta que cuando Horkheimer y Adorno escriben La dialéctica de la ilustración tienen ya detrás de sí una amplia experiencia como investigadores en el ámbito sociocultural. El interés preferente de Adorno y Horkheimer era la crítica sociocultural (o mejor: la crítica de algunas subculturas particularmente significativas de nuestra época de “cultura de masas”). “El destino de una época cultural que ha comido del árbol de la ciencia es el detener que saber que no podemos deducir el sentido de los acontecimientos mundiales del resultado de su estudio, por muy completo que éste sea. Por el contrario, debemos ser capaces de crearlo por nosotros mismos. También tiene que saber que los ideales nunca pueden ser el producto de un saber empírico progresivo. Y, por lo tanto, que los ideales supremos que más nos conmueven sólo se manifiestan en todo tiempo gracias a la lucha con otros ideales, los cuales son tan sagrados como los nuestros” (Weber). Crisis de la modernidad El sueño de la razón engendra monstruos, dice uno de los dibujos a los que Goya puso el nombre de "Caprichos". Y es verdad. La razón sola, dormida, sin las demás virtudes, lo hace. Fue, por cierto, una cosa muy propia de la modernidad el ver la razón como muy desligada de otros aspectos (afectivos, morales, etc.) del hombre. Se olvidó la noción de "razón recta" de la ética de la Edad Media, la cual no era la razón sola, entendida como pura discursividad o cumplimiento de reglas de inferencia o argumentativas, sino como la razón animada por algo más, que era el deseo o la intención de hacer el bien. Pero esto desaparece al fin de la Edad Media, con Ockham y Marsilio de Padua, y al principio de la modernidad, en el Renacimiento, con Maquiavelo. En efecto, Maquiavelo habla ya de una racionalidad fría, calculadora, estratégica. Lo que Habermas en su texto Perfiles filosófico-políticos llamará la razón instrumental. Por ello los llamados «postmodernos» miran con recelo la razón, e insisten en que hay que vincularla y hasta a veces suplirla con otras dimensiones del ser humano; tales como la pasión, el deseo, la voluntad, etc. Quizás es muy justo, ya que se refieren a la razón moderna, olvidadiza de todos los otros aspectos humanos, desligada de ellos, y se proponen volver a encontrar esa vinculación. Incluso con la fe, con el mito, y otras cosas. Pero no es necesario renunciar a la razón o suplirla por otra de las facultades o dimensiones antropológicas. De lo que se trata es de vincularla con ellas, volver a la conciencia de que pensamos con todo el ser humano. Una visión más holística del pensar, de la razón no como sola, sino acompañada. Muchos postmodernos se ven sobrecogidos por el miedo a la falsa y mala univocidad. Se preguntan con qué derecho se puede juzgar a otra cultura, desde la cultura particular propia. Aunque no sea de manera absoluta, este enjuiciamiento tiene que ser posible, so pena de dejar que toda cultura sea válida, se trate de la que sea, y podría darse — sin que pudiéramos evitarlo— el que una cultura aniquilara a otra, y tendríamos que permitirlo; sería válido. Tienen que ponerse límites al pluralismo. Desde la perspectiva particular se puede acceder a una verdad que la trascienda. Por supuesto que no como imposición de esa perspectiva unilateral, sino como atención e intento de comprender a los demás, y sacando de los que entran en juego aquellos valores y principios que se compartan y se tengan en común. El pluralismo es un ideal regulador, pero se da en lo concreto. En el caso de Cuba, algunos apuntan que «la prodigiosa acumulación cultural de la Revolución fue el valladar que evitó que la ola gigantesca levantada hace una década nos envolviera y ahogara (...) Cuba padeció una tremenda crisis económica, de efectos en gran parte vigentes todavía; pero la cohesión social y la abnegación y disciplina de la mayoría fueron decisivas».
Concluyendo Si se toma la literatura de las ciencias sociales de los últimos diez años, puede afirmarse que, básicamente, salvo los trabajos que se ubican teóricamente en la etapa precedente e intentan una teoría general, se trata de estudios que se refieren a cuatro procesos diferentes. Por supuesto que muchos tratan de establecer relaciones entre ellos, pero en general los cuerpos de literatura han dado origen a teorías de alcance medio sobre uno o otro de estos procesos. La construcción democrática, la redefinición del modelo de desarrollo e inserción internacional, la integración o democratización social, y El que ha fundamentado este trabajo, el cuarto proceso, relacionado pero no reductible a los anteriores, es la disputa en torno al modelo de modernidad. Esta consiste en el modo como en una sociedad se constituyen sus sujetos. La modernidad es la afirmación de sujetos, individuales o colectivos, constructores de su historia, y no se identifica con instrumentos o mecanismos determinados como pueden ser el mercado, la ciencia y la técnica. También la modernidad conoce una vertiente expresivo-subjetiva. En términos sociológicos estrictos no hay modernidad como algo externo a las sociedades, a lo que algunos privilegiados de la historia pueden llegar, sino "modernidades" o modelos de modernidad, es decir, formas societales históricas de constitución de sujetos. “La confusión entre modernidad y modelos históricos de modernización ha llevado a postular para América Latina la simple copia de los procesos específicos de modernización de los países desarrollados, principalmente el norteamericano. El neoliberalismo y los llamados "nuevos autoritarismos", básicamente militares, identificaron su proyecto histórico de modernización autoritaria con la modernidad.” Tras el concepto de post-modernidad prevalece también la visión etnocéntrica que identifica la modernidad con el modelo de modernización de ciertas sociedades. Como éste habría entrado en crisis, estaríamos pasando a una época post-moderna, cuyos rasgos no son a nuestro juicio sino otro tipo de modernidad. Si la cara positiva de la Iglesia se mostró al poner en el centro de las preocupaciones socio-política y económicas "la opción preferencial por los pobres" y, en algunos países, la cuestión de los derechos humanos contra las dictaduras, la cara más crítica parece mostrarse precisamente en el ámbito cultural, donde su oposición al modelo de modernidad considerado materialista, la lleva a oponerse a necesarios procesos de secularización y a acercarse a viejos integrismos y nuevos fundamentalismos. Hoy día, el espacio es cada vez más amplio para la comunicación y, por lo tanto, los modelos de apropiación del espacio comunicacional, son modelos de creatividad, de innovación, de No quiero terminar sin antes destacar las palabras de Ambrosio Fornet, en su ponencia “En defensa de la utopía”, palabras que se avienen muy bien al tema: “... (de) los grandes temas de este fin de milenio (el pasado): la globalización, el dominio de las transnacionales, la uniformación del gusto por la acción de los medios masivos... Como no soy experto en esa temática me limité a responder que a mi juicio esas no eran más que manifestaciones de un mismo fenómeno: el proceso de «americanización del mundo», como se le ha llamado desde principios de siglo a ese modo tentacular de expansión capitalista cuyo centro de irradiación está en los Estados Unidos (...) ahí subyace una dramática contradicción, porque «americanizarse», con todas sus connotaciones negativas, ha significado y significa también, para buena parte del mundo, «modernizarse». Y puesto que esa es una aspiración irrenunciable, lo que debíamos preguntarnos era si podía haber una modernidad
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA ADORNO,TH. Mínima Moralia (Material fotocopiado). Madrid: Ed. Taurus, 1987. ARCE VALENTÍN, SERGIO. Cuba: un pensamiento teológico revolucionario. La Habana: CE-CIC, 1983. DÁVALOS DOMÍNGUEZ, ROBERTO. Ciudad y cambio social en los 90. La Habana: Universidad de la Habana, 1999. DÍAZ SALAZAR, RAFAEL. Gramsci y la construcción del socialismo. San Salvador: UCA Editores, 1993. FRAIJÓ, MANUEL. Fragmentos de esperanza. Estella: Ed. Verbo Divino, 1992. GARRETÓN, MANUEL ANTONIO. Democratización, Desarrollo y Modernidad. Internet: www.A/garreto.htm. GIRARDI, GIULIO. El ahora de Cuba. Madrid: Editoriales. Nueva Utopía, CIC, Caminos, 1998. GÓMEZ MARTÍNEZ, JOSÉ LUIS. Modernidad beuchot 2. México: Internet. Jlgomez@ensayo.rom.uga.edu, 1998. HART DÁVALOS, ARMANDO. Hacia una dimensión cultural del desarrollo. La Habana: Ed. Creart, 1996. HINKELAMMERT, FRANZ J. Ensayos. La Habana: Ed. Caminos, 1999. HORKHEIMER, M. Ocaso (Material fotocopiado). Barcelona: Ed. Anthropos, 1986. REVISTA ARA. Ética y valores en la Cuba de hoy II. La Habana: CE-CIC, 1998. VARIOS. Cristianismo y Modernidad. Madrid: Ed. Nueva Utopía, 1993. VARIOS. Cultura y Revolución (a cuarenta años de 1959). La Habana: Ed. CASA, 1999.
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
1 DE LA POÉTICA HEBREA A LA POÉTICA CUBANA “El descubrimiento pleno de la poesía hebrea como realidad artística, para el disfrute y para el estudio histórico, es relativamente reciente. Los israelitas supieron apreciar sus textos y libros no solamente como texto sacro, sino también como textos literarios o poéticos: la conservación de leyendas, relatos épicos, cantos líricos, la imitación de poemas y el uso consciente de procedimientos literarios muestran que para los israelitas esos textos tenían un valor literario, no menos que religioso.” “Porque aún cuando la experiencia encarnada sea en absoluto espiritual, el idioma poético, la voluptuosidad del sonido, de la medida y la consonancia, que desbordan como un número imprevisible e irremplazable, nos hunden un refinamiento cada vez más saturado por las tentaciones del tiempo”. Sin embargo, el decursar del tiempo nos impone, la visión de las jerarquías de la metáfora y en último término las distancias musicales del idioma, la humareda o nevada de palabras, su sabor atado férreamente, aluden siempre a la vocación inflexible del poeta, refractada según la historia. Al respecto, son diversos los escritores que hablan de una poética de la fugacidad, es decir, una intuición que en su esencia no es fugaz pero que está impulsada en su origen por un hambre de eternidad. “Pero el saber que llamamos poético, esa intuición del alma (penetradora, centralmente, de la realidad temporal) que el espíritu expresa, por un lado está desde luego sustraído a toda acción utilitaria y a toda determinación impulsiva desde el punto de vista vital, pero, por otro, tampoco podemos identificarlo con la alegría y la libertad que corresponden a la forma espiritual pura, y que es causada no por una satisfacción, como ocurre en la paz del instinto ahíto, sino por una 1 2
2 trascendencia que se abre a la esencia del ser y la traspasa.” Es la esencia que en ocasiones nos hace recobrar el sentido del instinto poético, y aunque éste es interpretado, infinidades de veces, por el lente crítico del escritor, nunca llega a fomentarse a plenitud. De ahí, que hablemos de una poesía que se nutre de la universalidad de las verdades culturales, permeada de tropos diversos que vienen a posarse como amalgama inefable. Hablar de la poesía hebrea a la cubana, sería como entretejer ese misterioso don que poseen algunos elegidos y que no pocas veces se considera tanto más valioso cuanto menos personas lo entienden. Quizás, estuviéramos hablando de una apreciación poética que logre convencer a algunos y a otros, más bien desconcertar. Por ello consideraría, aún mejor, exponer desde una relacionalidad los puntos comunes entre ambas poéticas; es decir, los mecanismos básicos que componen la unidad de la expresión poética hebrea y cubana. Empezaríamos diciendo, que, en cuanto a poética hebrea se trata, «al intensificarse la conciencia del carácter sagrado de los textos, decae la conciencia de su valor literario y poético. Así sucede que, aunque los judíos siguen componiendo textos literarios (que llamamos apócrifos) y estudian apasionada y minuciosamente los canónicos, apenas tienen en cuenta su dimensión literaria». Tal vez por ello, sólo perviven imitaciones empíricas y éstos al establecer contacto con los griegos no crean una retórica y una poética hebrea. Sí, sé que te preguntarás: ¿entonces cómo vamos a hablar de una poética hebrea? Pero es que ya en la época del renacimiento, «en polémica contra la escolástica los humanistas enarbolan la Biblia para justificar su actividad poética o para exaltar el valor de la poesía frente a la especulación (
ésta etapa se reconoce el valor literario de la Biblia; un ejemplo de esto, pudiéramos
apreciarlo en Fray Luis de León (1527-1591), modelo de humanismo cristiano que fue
capaz de gustar y valorar la poesía bíblica no menos que la latina. Por sus explicaciones
sobre la lengua hebrea, por su exposición del Cantar de los Cantares, etc. A la par de éste,
también se destacaron otros escritores como Roberto Lowth (1710-1787), entre otros.
Tal como pueden apreciarse diferentes géneros poéticos en la literatura hebrea; es decir: el
canto, el proverbio o parábola, el salmo, el oráculo (conminatorio), el enigma, la elegía, la
bendición o maldición. Pudiéramos afirmar, que los israelitas no elaboraron un sistema fijo
de categorías literarias ni dieron mayor importancia a la clasificación. No obstante, una
lectura minuciosa nos permitirá apreciar, no solamente, los relatos de carácter épico sino
también los géneros populares y cultos. Entre estos, mencionaremos: Canto de trabajo(Nm
21,17); Coplas de vendimia y lagar(Jer 49,23); Cantos de danza(Ez 15; Sal 149); Canto de
desafío( Gn 4, 23-24); Canto de centinela(Is 21,12); Refranes (prov.); Acertijos(Jue 14);
entre otros. Y es que son estos géneros los que más se acercan a nuestra poesía, tal vez por
ello, tantos escritores se han inspirado en ellos para dar continuidad o quizá, tratar de
contextualizar, un poco, esa descripción de la naturaleza que queda englobada en la
alabanza litúrgica o sapiencial. 3
3 «Todo poema es así la lucha del éxtasis y el discurso. Por el éxtasis del discurso hay que sacar el idioma a su intemperie, hacia donde ya es sólo un frenesí litúrgico, hacia donde se deshiela su costumbre y resplandece fundido a la inefable tormenta de nuestro origen.» Lo que se percibe hasta ahora, en relación con la poética hebrea; y ya no estamos hablando de sus diferentes géneros, ya que será un tema que abordaremos más adelante, sino del seguimiento de ésta o de su repercusión en la sociedad cubana; lo pudiéramos puntualizar en las palabras de Vitier cuando se refiere a: «La posibilidad de poesía brilla siempre en este sueño transparentador de la memoria, que a su vez aparece o desaparece por su propia ley desconocida, ley de gracia (...) Desaparece el pasado en cuanto éste significa una experiencia terminada, o el simple recordar u olvidar unos sucesos, y se abre resplandeciente como vida sin peligrosidad vital, como promesa de vida de lo intimo del espíritu, no ya en cuanto el espíritu representa la jerarquía de la objetividad, sino en el aspecto cristiano de un espíritu encarnado, capaz de vivir y padecer dentro del orden supremo de la salvación.» Si partimos de que la poesía es la experiencia de la vida, de una historia personal o de un cuerpo animado por un soplo de energía, y teniendo en cuenta los diferentes géneros literarios llegados a nuestra poética cubana; quizás cabría la afirmación de un seguimiento de la poética hebrea. Pero, no pudiéramos obviar que «la concepción de la poesía que aparece en la Biblia, no tiene el menor contacto con eso que llamamos
imaginativa. No sólo porque nace de la revelación del Dios vivo, sino porque su visión de
las cosas es distinta. Para los griegos los dioses vigilan e intervienen en una realidad que
por sí misma, en su concreta inmediatez, tiene un sentido estrictamente humano y temporal
(Vitier: p. 113)» Pareciera que, los dioses tomen partido en las luchas de los hombres, pero
esa vida de los hombres no explica de ningún modo la vida propia de los dioses, ni al revés.
Se trata de dos razas completamente diferentes, la de los hombres y la de los dioses.
Sin embargo, para el judío del Antiguo Testamento, y más tarde para el cristianismo, por el
sentido parabólico, las experiencias de la realidad concreta sin dejar de ser temporales, son
al mismo tiempo imágenes de lo eterno. Un ejemplo de ello, pudiera verse en la zarza
ardiendo que ve Moisés, ésta no es mitológica, sino terrenal e inmediata. Es impresionante
que aunque éste no sólo es incapaz de utilizar su fe en una semejanza identificadora (fuego- 4 Cintio Vitier: Poética, pp 65-66. 5 Idem: p 75.
4 dios), donde tampoco se le ofrece un espacio vacío para que sea llenado por su imaginación con creaciones fabulosas; a diferencia, se trasluce una interrogación poética (por qué no te consumes zarza) que lo lleva a relacionarse con lo trascendente e inmediato. Una revelación trascendente que utiliza lo real y lo cotidiano; desde esta perspectiva, se intuye que: «Yo soy», en la visión de Moisés, coexiste con el fuego, respetándolo, porque también el fuego es, en su medida: no viola Dios ninguna forma ni la prostituye como vestuario insustancial; y cuando hace que la zarza no se consuma, nos está dando, entre otros, un símbolo espléndido de lo que debe entenderse por poesía cristiana: la poesía de la realidad visible, ardiendo, aquí y ahora, en el fuego de lo invisible. Sucede lo mismo con los sucesos de la familia y de la especie, las experiencias personales y el drama de la redención, las cuales se interpretan y se fundan en un constante devenir de símbolos trascendentes. Partiendo de lo afirmado, pareciera que el Antiguo Testamento es una prefiguración y profecía de Cristo. A manera de conclusión, cabe destacar lo siguiente: «Hay poesía al principio, hecha de imágenes reales, pero sin imaginación, fundada sólo en una experiencia que es a la vez inmediata y simbólica, concreta y alusiva, sin que ambas instancias puedan separarse. Esa es, en verdad, la más entrañable inspiración de la poesía cristiana. La fidelidad poética se refiere esencialmente a esa inspiración, que desde luego suele aparecer entrelazada con las consecuencias de la tradición helénica, y que en esta misma tradición, aún antes del cristianismo, se intuye también como un elemento natural de la actitud poética.» Del mismo modo, intuimos que la literatura del Antiguo Testamento es una literatura culta, de larga y firme tradición, abierta a influjos extranjeros, ejercitada en elaborar y reelaborar materiales precedentes y ajenos. No sería extraño, descubrir en esta una diversidad de géneros mixtos, difícil de clasificar por las obras posteriores. De ahí, que el estudio de los motivos que pueden emigrar y residir en géneros diversos llegue a ser tan importante como el estudio de los géneros literarios abordados. He aquí, por tal motivo, la necesidad de conocer acerca de los diferentes elementos que componen la poética hebrea; entre los cuales resaltan por su importancia: los procedimientos poéticos (vocabulario, recursos del lenguaje, material sonoro, formas, asonancia, entre otros). Del análisis de estos, es que algunos autores se han percatado de que « 6 7
5 versificados que catalogamos entre la poesía bíblica, aunque sean más didácticos que poéticos; así se destacan, muchas instrucciones del Eclesiástico». En la poética hebrea, es frecuente comparar la vida humana a una flor, a la hierba que se seca (Sal 90,4-6), a las hojas de un árbol (Is 64,5; 1,30), al mar (Job 24,14), al sol y la luna (Sal 19,6; Jue 5,20); también la poética cubana exterioriza elementos heredados y aportados de la poética hebrea. Uno de los más importantes, utilizado por gran parte de los poetas y poetisas, es
invisible, capaz de pensamiento, de voluntad y de realización de acciones deliberadas: un
ser dotado de anima. De ahí, que sea personificada, concebida como un ser capaz de desatar
tormentas, favorecer o perjudicar cosechas, escuchar ruegos, etc. Por consiguiente, no sería
raro dirigirle súplicas o quejas, brindarle ofrendas, hacer danzas y otras ceremonias en su
honor. Por otra parte, encontramos la naturaleza sumergida en una profunda poesía erótica
y amorosa, algo así como una prosecución del Cantar de los Cantares, esto pudiéramos
verlo en la poesía de Rafael Cepeda: Dispondré para ti la mesa, coceré para ti mi pan. Mi copa está rebosando. Llenaré tu copa con los racimos de mi viña. Morena eres, y hermosa, como las colinas de Quebar. Tu tallo florecerá, y tu capullo dará su aroma. Escucharás mi canto, el cantar de los cantares, el más excelso poema. Verás todas mis auroras y todos mis crepúsculos, te entregaré mis macizos de azucenas, te vestiré de azul, púrpura y grana. Te arrullaré como a paloma. Yo me levantaré y saltaré gozoso, como el ciervo y el gamo entre los áloes y los nardos. Tú cimbrearás de alegría, como un tizón delante de una tienda. Otro elemento en nuestra poética cubana con similar importancia al de la descripción de la naturaleza, lo podemos encontrar en
poética hebrea, donde gran parte de su elaboración se nutre de elementos de la realidad, así
también, en la nuestra se produce un develamiento de sus significaciones esenciales. «Si la
poesía de los siglos XVI y XVII tuvo la misión de fijar la imagen física del mundo (y a 8 9
6 veces interrogarla con desesperación genial: es el caso de Quevedo); si la poesía del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX desarrolló la actividad imaginativa, la poesía de nuestro tiempo tiene la misión, (...), de penetrar en las esencias de la realidad y colaborar en su transformación (...)» ¿Y por qué no puedo ser socialista y cristiano, si las dos cosas pueden ir mano con mano? Cristiano y socialista. (Aunque quizá no marxista, por lo que implica de ateísta y materialista.) Antes que todo el mayor objetivo es el hombre, el hombre vivo, palpitante y sufriente, el otro hombre, el mundo, la gente. La redención del hombre esclavizado por el pecado, que es, en mucho, la destrucción de su dignidad, alienado por el sistema capitalista. ¡Liberación a la vista! Cristiano y socialista. Mano con mano: socialista y cristiano. Y es que las esencias de la realidad son disímiles, si tenemos en cuenta que nos enfrentamos a una realidad cambiante, es decir, en constante transformación. Estaríamos hablando de una periodización poética donde se produce un metamorfismo de la realidad, en el que se tienen en cuenta elementos tan específicos como el acervo cultural, la idiosincrasia, la política, la utopía y su celebración, etc.; en fin, una ubicuidad de la realidad. Como lo específico de cualquier país, que en nuestro caso, lo cubano, se exterioriza en la poesía más por tácita añadidura que por decisión o relieve explícito. «Desde luego que no nos preciamos de haber encontrado lo cubano enteramente; pero además sabemos que ello es imposible, y menos en cuanto a encarnación poética, porque entonces nos faltaría el decisivo reverso oscuro, la sobreabundancia del ser, la apertura de su libertad hacia lo desconocido, que es precisamente lo que le da, en la lucha con las 10
7 fatalidades de cada momento, profundo y dramático interés a los rasgos de su alma» (Vitier: Lo cubano en la poesía, p 398). «Considerando la totalidad del proceso hasta nuestros días, y con independencia ahora de sus manifestaciones literarias sucesivas, esas diez especies, categorías o esencias de lo cubano reveladas en nuestra poesía, pueden nombrarse así: Arcadismo, Ingravidez, Intrascendencia, Lejanía, Cariño, Despego, Frío, Vacío, Memoria, Ornamento (...) cada una de las especies o esencias nombradas, incluye un cúmulo de valores y significados que han ido revelándose en el proceso histórico. Algunas atraviesan nuestra poesía desde los orígenes hasta hoy, otras tienen su mayor vivencia en la Colonia, otras aparecen o se definen más visiblemente con la República.» Cada una de estas categorías aparece de manera detallada en la obra “Lo cubano en la poesía” de Cintio Vitier. Estas, al igual que, la poética hebrea, tratan de reunir elementos tan importantes como: la naturaleza, el misterio de lo débil, la fuerza de lo suave, la antisolemnidad, la imagen mítica, la historia, la cultura, la familia, la vida oculta, el desamparo, la cotidianeidad, lo heroico, el filigrana vegetal, etc. Sin embargo, a pesar de los diferentes sistemas estilísticos, pudiéramos afirmar que pese a la prismaticidad de la poética cubana con respecto a la hebrea; en síntesis con la más reciente poesía, despojada de los tiempos de sociedad y revestida de los tiempos de solidaridad, se percibe un estancamiento poético. Algunos aluden a las coincidencias de la poética actual con rasgos del postmodernismo*, así como las interesantes similitudes entre la estética neoclásica y algunos principios de moda. De ahí, que continúen afirmando, «
ingenio, la paradoja y la ironía como procedimientos centrales de la poesía».12 Como
consecuencia, baste considerar las palabras de Luis Cernuda: «Es necesario que el poeta, haciendo suya la tradición, vivificándola en él mismo, la modifique según la experiencia que le depara su propio existir, en el cual entra la novedad, y así se combinan ambos elementos. Hay épocas en que el elemento tradicional es más fuerte que la novedad, y son épocas académicas; hay otras en que la novedad es más fuerte que la tradición, y son épocas modernistas. Pero sólo por la 11 * Roberto Fernández Retamar: 12
8 vivificación de la tradición al contacto con la novedad, ambas en proporción justa, pueden surgir obras que sobrevivan a su época.» No cabe duda que de lo trascendente ha emanado una poética venida no sólo a despeinar nuestra cultura cubana, sino ha perpetuarse en un pueblo digno de afirmar: «Somos libres e independientes por esencia, lo cual no significa que no nos esforcemos hacia la encarnación visible de ese espíritu, según las tradiciones de nuestro siglo épico (...) No se trata de la estoica libertad de la conciencia ni de la libertad como
bien de la libertad del aire que riza las aguas cada
mañana como en el Principio. No traicionar esa
libertad, esa apertura, esa dichosa esencia
inalcanzable de nuestra alma, es el deber más
profundo que tenemos (...) Porque la poesía nos
cura de la historia y nos permite acercarnos a la
sombra del umbral. Y en ella podemos atravesar
las categorías sagradas de nuestro ser para que
sea posible la comparecencia en al luz: «ni oculto
ni exterior, sólo mirado». Para que sea posible de
nuevo la Palabra, y todo se pierda otra vez en el
misterioso rumor de los orígenes.» 14 13 14
9 Bibliografía: AGUIRRE, MIRTA. Valoración de la poesía. La Habana: Ministerio de Educación, s/f. ALONSO SCHÖKEL, LUIS. Hermenéutica de la palabra. Madrid: Eds. Cristiandad. V-1 y II, 1987. CEPEDA, RAFAEL. Poesías: Cantar de Cantares, 1960. Ubicación, 1970. s/e. CERNUDA, LUIS. Estudios sobre la poesía española contemporánea. Madrid: Ed. Guadarrama, 1957. FRENÁNDEZ RETAMAR, ROBERTO. Antipoesía y poesía conversacional en América latina. La Habana: Casa, 1969. PRATS SARIOL, JOSÉ. Por la poesía cubana. La Habana: Eds. Unión, 1988. VITIER, CINTIO. Poética. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1997. Lo cubano en la poesía. Ed. Letras Cubanas, 1998.
WELLEK, RENÉ. Historia de la crítica moderna. Madrid: Ed. Gredos, 1969.
